Este gordo ocupa mucho lugar y come una barbaridad. ¿Para qué lo queremos? Podríamos matarlo y filetear sus carnes, después de quitarles el olor a desodorante barato. Estaría sabroso bien frito, regado con un albariño. Seguro que los clientes del restaurante lo devoraban y nos felicitaban por el cerdo asado al ajillo.
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