-Venderemos tus cuadros, Alberto. Mira, aquí tienes las pinturas y los lienzos. Venderemos tus cuadros a 75 euros. Tú pinta, Alberto.
Y abre de par en par las cortinas del salón para que entre la luz del mediodía.
-No abras la ventana, por favor -le pide Alberto.
-¿Por qué no? Necesitas aire puro. ¿No abre la ventana?
-Ya te dije que no la abrieras.
-¡Ay! ¡Una araña! –chilla Rodolfo-. No, Pablo, por favor, no la mates.
Pablo aplasta el insecto con su zapato y se olvida de la araña. él está allí para sacar a su amigo Alberto de la pobreza. Le pregunta qué tiene en la nevera.
-No tengo nevera.
-¿La vendiste?
-Nunca tuve nevera.
-¿Y dónde guardas la comida?
Alberto se señala la barriga cervecera.
-No pareces un campeón.
-Ya no lo soy.
-Fuiste campeón mundial de peso pluma, Alberto –le recuerda Pablo-. Éramos vecinos, ¿recuerdas?
Alberto no quiere recordar. Aquellos días de aplausos los ha olvidado. Pablo, en cambio, recuerda a su vecino siempre acompañado por rubias despampanantes. Él iba a su casa para ver a la rubia de cerca. Lo envidiaba. La mujer de Pablo siempre fue gorda. Con veinticinco años alcanzó los cien kilos. Pablo deseaba una mujer como las novias de Alberto.
Rodolfo y Darío se despiden. Rodolfo tiene consejo de administración.
-Las cosaas no andan muy boyantes por el banco –se excusa.
Darío no dice nada. Simplemente se quiere ir y se va.
Quedan solos. Pablo pasa la mano por los implantes capilares. Alberto sigue bebiendo cerveza.
-No debes beber tanto –lo recrimina Pablo.
-Beber calma mis nervios.
-¿Quién te compra las cervezas?
-Las robo.
Alberto le explica como cada mañana consigue una buena bolsa de cervezas mangándoselas a los repartidores.
-Ni se enteran.
-Eso está mal.
-Peor es pasar sed.
-Tú pinta, Alberto, que te vendemos los cuadros y no necesitarás robar.
Desde entonces pablo le ofrece a amigos y conocidos los cuadros de Alberto.
-Puedes tener un cuadro de un campeón boxeador –le dice a su suegro, un conocido empresario.
-Prefiero un Picasso.
Su suegra acepta un cuadro.
-Lo pondré en mi despacho. Me gusta ayudar a los desfavorecidos.
Alberto pinta y bebe cerveza. Le gusta pintar borracho. Está trabajando en la pintura de una mujer con la cabeza verde. Es la muerte, piensa. Cuando termine el cuadro, morirá. Se lo dice la sonrisa de Mona Lisa de la mujer del cuadro.