Muerto pero mío. Lo miro y me parece un esperpento. Miro a mi alrededor y no tengo miedo. Lo maté como lo hubiera matado una heroína del siglo XV: con un puñal. Ahora me espera una larga noche. Tendré que deshacerme de su cuerpo, llevarlo a un descampado donde su carne pueda dar de comer a las flores que hundan sus raíces en su sangre apagada.
Me pregunto si lo recordaré muerto. Me pregunto si quedará vivo en mis recuerdos vivos de un marido que no me merecía.