Yo la abrazaré bien fuerte y me la llevaré conmigo cuando salga del hospital para que no se vuelva a tirar delante del autobús. Estaré a su lado día y noche. Seré su pastilla, su compañía, su amante esposo, el hombre que la cuida y que la mima.
No quiero que se vuelva a suicidar en un intento inútil de parar el autobús que la llevaba al trabajo. Podemos vivir sin trabajar. Comeremos las lechugas del huerto y escribiremos un libro a cuatro manos en el que contaremos como un matrimonio en paro y sin ingresos puede sobrevivir fuera del sistema capitalista.