Se durmió soñando que él también podía volar y despertó como un pobre yonqui. Estaba tan cansado que creía que no podría levantarse. Llevaba mucho tiempo sin ducharse. La última vez consiguió hacerlo gracias a que su madre lo arrastró hasta el cuarto de baño. Mientras lo enjabonaba se las arregló para cogerle el reloj de oro. Su madre se enfadó y no volvió. No le importaba porque mamá nunca le dio la alegría que le proporcionaba la aguja.
Consigue levantarse y acercarse al espejo del armario. Parece un zombi. Su cara le recuerda la cara que tenía su padre cuando despertaba con resaca. Era un tipo derrotado que siempre tuvo una sonrisa para sus hijos.
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