Friday, February 07, 2014

Locos

 El abuelo arrastró el piano de cola hasta el jardín. Allí, con sus manos temblorosas, tocó para Elisa. La abuela se asomó a la ventana y le tiró al abuelo, uno a uno, los tubos que llevaba en la cabeza recién lavada. El jardinero empezó a recoger los tubos. El abuelo seguía aporreando el viejo piano con sus dedos de pianista jubilado. La abuela empezó a gritar que todos estaban locos en un ataque de cordura poco habitual en ella.