El niño había roto el espejo de los baños de señoras del restaurante. Su madre se rió disimulamente. Habían pagado una barbaridad por comer unas lentejas estofadas y un postre corriente.
-¿Tenemos que pagar el espejo? -preguntó el padre.
-¡Ni hablar! Pablo le pedirá perdón a doña Lola y ya está.
Pablo a doña Lola lloroso y le dijo que lo sentía.
-Sólo quería mirar si había detrás del espejo una caja fuerte -se excusó-. No había nada.
Doña Lola sonrió. El hijo de sus clientes parece que les iba a salir ladrón.
-La caja fuerte la llevaron los ladrones, cariño, ¡y acabaron en la la cárcel!
-Soy menor.
-Pues irías para una cárcel de niños.
Pablo regresó a la mesa donde sus padres saboreaban un café de pota.
-¿Hay cárceles de niños, papá?
Su padre se atragantó con el café y su tos lanzó salpicaduras sobre el vestido de su esposa quien lo miró con ojos asesinos. El vestido pensaba devolverlo y comprar con el dinero alguna cosilla para llenar la nevera. Se limpió con servilletas.
-¿Hay cárceles de niños? -insistía Pablo-. Doña Lola dice que sí.
-Mejor nos vamos, cariño -dijo su madre-. Y olvídate de la cárcel de niños. A la cárcel sólo van los pobres, no los niños que rompen espejos en los baños de señoras.
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http://tiendacoruna.blogspot.com/
-¿Tenemos que pagar el espejo? -preguntó el padre.
-¡Ni hablar! Pablo le pedirá perdón a doña Lola y ya está.
Pablo a doña Lola lloroso y le dijo que lo sentía.
-Sólo quería mirar si había detrás del espejo una caja fuerte -se excusó-. No había nada.
Doña Lola sonrió. El hijo de sus clientes parece que les iba a salir ladrón.
-La caja fuerte la llevaron los ladrones, cariño, ¡y acabaron en la la cárcel!
-Soy menor.
-Pues irías para una cárcel de niños.
Pablo regresó a la mesa donde sus padres saboreaban un café de pota.
-¿Hay cárceles de niños, papá?
Su padre se atragantó con el café y su tos lanzó salpicaduras sobre el vestido de su esposa quien lo miró con ojos asesinos. El vestido pensaba devolverlo y comprar con el dinero alguna cosilla para llenar la nevera. Se limpió con servilletas.
-¿Hay cárceles de niños? -insistía Pablo-. Doña Lola dice que sí.
-Mejor nos vamos, cariño -dijo su madre-. Y olvídate de la cárcel de niños. A la cárcel sólo van los pobres, no los niños que rompen espejos en los baños de señoras.
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