Saturday, May 03, 2014

Una cárcel de niños

 El niño había roto el espejo de los baños de señoras del restaurante. Su madre se rió disimulamente. Habían pagado una barbaridad por comer unas lentejas estofadas y un postre corriente.
 
 -¿Tenemos que pagar el espejo? -preguntó el padre.
 -¡Ni hablar! Pablo le pedirá perdón a doña Lola y ya está.
 
 Pablo a doña Lola lloroso y le dijo que lo sentía.
 
 -Sólo quería mirar si había detrás del espejo una caja fuerte -se excusó-. No había nada.
 
 Doña Lola sonrió. El hijo de sus clientes parece que les iba a salir ladrón.
 
 -La caja fuerte la llevaron los ladrones, cariño, ¡y acabaron en la la cárcel!
 -Soy menor.
 -Pues irías para una cárcel de niños.
 
 Pablo regresó a la mesa donde sus padres saboreaban un café de pota.
 
 -¿Hay cárceles de niños, papá?
 
 Su padre se atragantó con el café y su tos lanzó salpicaduras sobre el vestido de su esposa quien lo miró con ojos asesinos. El vestido pensaba devolverlo y comprar con el dinero alguna cosilla para llenar la nevera. Se limpió con servilletas.
 
 -¿Hay cárceles de niños? -insistía Pablo-. Doña Lola dice que sí.
 -Mejor nos vamos, cariño -dijo su madre-. Y olvídate de la cárcel de niños. A la cárcel sólo van los pobres, no los niños que rompen espejos en los baños de señoras.
 
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