Doña Carmen había cambiado para peor. Aprovechando sus vacaciones en París se había metido a actriz. Sabía que era complicado encontrar un papel para una mujer de su edad, pero estaba animada. Disfrutaba recitando a Góngora. Tan bien lo hacía que una empresa de circo la contrató. Querían una vieja para hablarle a los elefantes y doña Carmen les pareció ideal.
Así pasó la abuela de Genaro de profesora de Historia de la Universidad de Salamanca a empleada circense. Gerardo la odiaba. Le parecía indigna de una familia bien de Madrid. Su hemana, en cambio, se sentía orgullosa de la abuela Carmen.
-La abuela es una mujer muy valiente -afirmó rotunda cuando regresó de verla en el circo-. No le tenía miedo a los elefantes.
-¿Y los elefantes a ella? -le preguntó Genaro.
-Creo que la quieren. El más pequeño mueve la trompa al oírla recitar versos de Quevedo.
La abuela vino a verlos dos días después. Les traía un regalo: el pequeño elefante que movía la trompa cuando le recitaba versos.
----------------------
| artigoo.com 'Seguro que te preguntas muchas veces cómo catar un vino delante de los invitados de tus fiestas para quedar como una experta sumiller sin haber recibido una so' / |