Vivía sin agua caliente y calefacción gracias a los artistas de Gas Natural, una empresa incapaz de conectarse correctamente a la caldera de su casa. Su vida era apasionante desde que lo había apresado esa pobreza energética de pagar energía que no se tiene.
Por fin había conseguido la huida amistosa de su esposa. Lo último que supo de ella fue que le solicitaba el divorcio sin petición del hogar familiar. Comprendía que no le reclamara una casa helada.
Otra ventaja de no tener calefacción era no tener amigos en casa. Los invitaba, pero no venían. Todos alegaban estar enfermos.
La familia también brillaba por su ausencia. Su madre estaba en su residencia de la tercera edad sin dar noticias. Su padre seguía con la rusa en Moscú, en una casa sin pobreza energética. Sus hermanos, los dos militares, seguían en la guerra de Afganistán y no vendrían estas Navidades a su casa.
Bien tapado con un gorro de lana, guantes y dos jerseys gruesos además de un pantalón de traje de esquiar. Serafín Ruiz escribía sus memorias. El capítulo de hoy se titulaba: Con el culo helado.