Le recordaba a su abuela. Era una mujer sincera y gorda. Encima no le importaba ser pobre. Cuando la nombraron Hija Predilecta de Nueva York aceptó el reconocimiento. Le dijo a la señora de la frutería que le habían dado una medalla por vivir sin calefacción.
-De mi casa no salen humos que contaminen la atmósfera.
La frutera se emocionó. Ella no apagaba nunca la calefacción. Abrazó a doña Lola para transmitirle su calor.
-¿Eres lesbiana?
-A ti te amo.
-Todos estamos locos.
La reportera del New York Times no entendía nada. Sólo sabía que doña Lola le recordaba a su abuela cuando la habían nombrado Hija Predilecta del Centro de Día Ciudad de Nueva York.
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