Mi padre nunca se llevó bien con Papá Noel, ese señor grueso que baja por la chimenea de todas las casas la noche del 24 de diciembre. La última Noche Buena casi lo asusta cuando gritó por la ventana que tenía otros calcetines nuevos y eso no se le regala a un hombre que aporta la mitad del presupuesto de la casa. Mamá, la mujer que aporta la otra mitad del presupuesto familiar, no se quejaba por sus calcetines gruesos. Decía que los estrenaría el día de Navidad en sus botas de nieve.
Este año, papá está contento con Papá Noel. Ha tocado su paquetito en el árbol de Navidad, y no ha notado la tela de unos calcetines. Esto es duro, dice, y se ríe. Mamá también se ríe. Creo que mamá le ha dicho a Papá Noel lo que le tiene que regalar a papá. Mamá acerca sus labios a mi oreja y me susurra: el regalo de papi es un llavero de Amazon. Entonces yo también me río. Papá siempre presume de tener la colección de llaveros más grande de Europa.
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