Sunday, March 10, 2024

El casero de Pepe

Que matara al casero no sorprendió a nadie. Pepe era un poco chiflado. Le había dado por ahí. Como si se le hubiera ocurrido matar al gato porque el animal maullaba cuando lo veía. Pero no le tocó el tiro de escopeta al gato sino al casero.

En el pueblo lo buscaron mucho. Incluso fueron a preguntarle a Pepe si lo había visto.
-No lo veo desde que vino a cobrarme la renta. Y eso fue el jueves, hace casi una semana.
-¿Te dijo algo? -le preguntó la mujer de Pepe.
-Nada. Cobró y se fue.

La mujer del casero lloraba. Pepe la abrazó y ella se dejó abrazar.

Ahora no lo abrazaría por nada del mundo. Pepe la vio al otro lado de la carretera, agarrada por la madre y una tía. Parecía que quería matarlo.
-Díganle que si me mata irá a la cárcel.
-Anda -le ordenó un policía, dándole un empujón.
-No puede maltratarme -le recordó Pepe-. La ley se lo impide.

El policía le dió otro empujón y el otro policía le dió una patadita en el trasero. 

Su vida iba a ser difícil, pensó. Entonces empezó a pensar en una estrategia. Se acordó de la funcionaria de prisiones que le llevaba el desayuno a la celda. Pepe decidió que se enamoraría de ella.

Yolanda Smith
Mis relatos de fin de semana

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