La mujer se presentó como inspectora de la Protectora de animales. Sandra le enseñó la casa.
-Como puede usted ver necesito la compañía de los cachorritos. Es una casa un poco grande para una persona sola.
La mujer le dijo que ella le enviaría el perro adecuado para un piso de cinco habitaciones, cuatro baños y dos terrazas.
-¿Cuándo puedo ir a recoger los dos cachorritos?
-Ahora se los envío -respondió la mujer.
Sandra regresó a su sillón, a la película de la tele y a la bolsa de patatas fritas. Un ladrido atronador se entremezcló con el timbre. Corrió a la puerta. ¡Dios mío! ¿Quién era aquel monstruo?
Un enorme can la empujo con sus patas delanteras. De la mujer de la protectora de animales no había rastro. Sandra se apartó; el perro fue directamente hacía la televisión encendida en la sala, se sentó en su sillón y le dedicó un ladrido de bienvenida.