El domingo fui a ver Babel no porque me interesará la película sino porque salía mi adorado Brad Pitt. No te puedes imaginar lo que lloré. Con decirte que acabe con todos mis pañuelos de papel y con los de unas señoras muy amables que se sentaron a mi lado creo que puedes hacerte una idea de lo mucho que me afectaron las lágrimas de mi Brad aunque fueran de mentirijilla. No era para menos, dos chalados dispararon una escopeta y alcanzaron a un inocente niño con un tiro. ¡Odio las armas y todo lo que suene a pólvora! Ni siquiera aguanto los petardos y mucho menos esos fuegos artificiales en los que tiran el dinero que debería servir para erradicar el hambre del mundo. Volviendo a la película de mi Brad, no te la recomiendo, Cleo. Tú eres muy sentimental. Tampoco lleves a Carlos porque tu chico es un tío muy familiar. Todo iba de familias, niños, niñeras y penas. En todas las razas lloraban, en todos los países había problemas. No me gustó, Cleo. Salí deprimida del cine. Menos mal que fui a un cine de unos grandes almacenes, que no nombro para no hacerles publicidad, y me pude curar la pena haciendo algunas compras necesarias. No me riñas, hermanita. Contrate una nueva línea de adsl con una nueva compañía que se encargará de darnos de baja de la compañía que nos timaba todos los meses. Necesito mayor velocidad para navegar por Internet. Cleo, diselo a mamá y dile también que fue cosa tuya.
Besos de Mariló (a los quince años ya soy una vieja)
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