Saturday, October 10, 2009

El agricultor urbano

Bodegón con cesto de manzanas de Cezanne
 
 
 Paco siempre fue agricultor. Cuando vivía en el campo, plantaba en su minúsculo jardín todo tipo de legumbres. Siguió siendo agricultor en la ciudad. En el piso de Paco las macetas se llenaban de lechugas, zanahorias, unas judías que escalaban palos de escoba y olorosas cebollas compitiendo en perfume con los ajos tiernos.
 
 La afición de Paco por la agricultura siempre ponía fin a sus relaciones sentimentales hasta que conoció a Adela, una joven próxima a la treintena, con aspecto hippy, que se acomodó en el piso entre los maceteros. No le importaba a Adela dormir en una habitación con dos grandes macetas de coliflores ocupando el lugar del armario. Su amor por Paco lo justificaba todo.
 
 -Hija, tu novio no es normal -le dijo la madre tras la primera visita a la vivienda-. Debes dejarlo.
 -Vamos a casarnos en octubre, una vez que hayamos recogido la cosecha.
 
 En otoño se celebró la boda. El novio no defraudó ni a propios ni a extraños. Con su ropa de agricultor, Paco consiguió que la boda fuera recordada por todos los invitados como la más original celebración del inicio de una vida en común.
 
 Adela era feliz. No le importó quedar sin luna de miel. Comprendía que su amado tenía que preparar sus tierras para las siguientes cosechas.
 
 -Voy a plantar patatas en la bañera, cariño -le dijo unos meses después Paco.
 
 Ya habían nacido las patatas cuando empezaron los problemas. Un día llegaron los bomberos. Los había llamado una vecina porque le olía a gas.
 
 -Son mis ajos los que huelen -les explicó Paco-. Pueden irse, señores.
 
 Los bomberos regresaron media hora más tarde acompañados de la policía. Los agentes también decían que había un escape de gas ciudad. Paco los dejó pasar.
 
 -Por aquí, señores. Miren la cocina.
 -¿Y estas plantas? -preguntó un policía-. Parecen judías.
 -No, señor, no habas. Si Dios quiere, en agosto tendrán vainas. El año pasado comimos mucha fabada; tuvimos una buena cosecha.
 
 Los agentes se miran. Aquel hombre no está en sus cabales. Paco los acompaña al cuarto de baño y les muestra su incipiente cosecha de patatas.
 
 -Crecen como rosas -dice orgulloso-. Claro, que agua no les falta. Las regamos todos los días.
 -Esto es ilegal -comenta un bombero.
 -De ilegal nada -protesta Paco-. La instalación del gas nos la hizo un profesional. Yo sólo me ocupo de las plantaciones.
 
 Hablan con Adela, se interesan por la salud mental del marido.
 
 -Sólo está nervioso porque nuestro primer hijo nace en verano.
 
 Más nervioso se puso Paco cuando se vio obligado a poner fin a sus cultivos urbanos.
 
 -La culpa la tiene la justicia, Adela -se lamentaba.
 
 Pero no dejó de ser agricultor. Siguió llevando en la cabina del camión una maceta con ajos. Paco disfrutaba con su olor intensamente picante.