Monday, May 24, 2010

Nueva casa para Navidad

Elena, como siempre, no hizo preguntas. Entró en el 3ºB arrastrando una maleta que contenía su ropa y un par de juegos de sábanas. Manuel le había dicho que la casa nueva tenía de todo, pero ella prefería dormir en sus sábanas de algodón 100%.

-Mira la cuna -señaló Manuel-. Es de viaje. Lo siento, cariño.

-No te preocupes.

-Cuando me paguen el paro, compro una cuna de verdad para nuestro primer hijo.

Elena asiente. Está embarazada de cinco meses. Deja a Manuel deshaciendo las maletas y recorre la casa. Se estremece al darse cuenta de que están ocupando una vivienda habitada. ¿Quiénes serán los dueños? En un cajón encuentra un álbum de fotos. Hay muchas fotografías de niños. Elena se siente culpable. Les están quitando su hogar. Aun así, no se atreve a decirle nada a Manuel. Sabe que su marido le dirá que son más ricos que ellos y que su hijo merece la vivienda decente que garantiza la Constitución. Por eso calla. Manuel siempre tiene razón.

-¿Quieres quitar el Belén? Hay uno en el salón.

-Déjalo.

-¿Ya no eres atea? -se sorprende Manuel.

-No quiero cambiar la decoración del piso -se excusa.

-Como quieras, cariño. Tú mandas.

Elena vuelve a colocar el álbum en el cajón de la cómoda. Desde la cocina le llega un repugnante olor a sardinas. Manuel, piensa, no ha tardado en prepararse su comida favorita. Se deja caer en la cama y queda dormida.

Elena despierta con el timbre. Un dedo parece haberse pegado al botón. Tapa los oídos.

-¡Fuera, capitalistas! -grita Manuel-. Ésta es nuestra casa.

-Llamáremos a la policía, ladrones -contestan al otro lado de la puerta.

-No molesten a las Fuerzas de Seguridad del Estado, por favor.

Elena no puede evitar un ataque de risa. Manuel, su marido, es un loco genial.

-Te meterán en la cárcel, cabrón.

-Me respetarán como ciudadano español que soy.

Elena se pone una bata y termina de preparar la cena. Está poniendo la mesa cuando llegan dos policías. Manuel los invita a pasar.

-No, sólo los polis, ustedes no -les dice a los desalojados.

-¡Es nuestra casa!

-Marchen para donde estaban.

Elena se asoma a la puerta y ve un matrimonio cuarentón con cuatro hijos vestidos de marca. La esposa huele a colonia cara, lleva los labios operados y el pelo caoba recogido con una pinza. El marido sigue gritando.

-¿Quiere un valium, señor? -le pregunta-. Los valiums curan la histeria.

-Déjalo, cariño -le dice Manuel-. El señor es un capitalista.

Elena empieza a cenar sola en la primera casa que conocerá su primer hijo. Cuatro meses después aquellas paredes se llenan de lloros infantiles. Manuel y ella acuestan al bebé en la cuna de viaje. Su hijo ya ha echado los dientes cuando se celebra el primer juicio por el desalojo de la casa. Recurren la sentencia.

-Menos mal que soy abogado -dice Manuel.

Elena lo deja hacer y sigue dejándolo hacer el día que le dice que ha encontrado una nueva casa.

-Esta vez vas a flipar, cariño: es una mansión.

Elena se estremece y le da la mano a su hijo. El niño tampoco hace preguntas.