El pollo rebozado todavía humeaba cuando llegamos a la playa del Orzán. En casa dejamos la lavadora lavando como una loca los paños de cocina y al abuelo intentando planchar las camisas que nadie le plancha. Nosotros vamos siempre arrugados, pero el abuelo quiere ir bien planchado; por eso siempre llega tarde a la playa. Hoy seguro que llega cuando el pollo se haya enfriado. El abuelo se enfadará, dirá que escucha voces en su cabeza y perdera los estribos como cuando mamá enciende el aspirador y el viejo se vuelve más loco de lo que está.
No me importa. La locura del abuelo es lo mejor que nos pasa. Nos anima. Para problemas de verdad están papá y mamá con sus desempleos eternos. Encima se les ha ocurrido adoptar un niño turco que no sabe decir ni mamá.
No me importa. La locura del abuelo es lo mejor que nos pasa. Nos anima. Para problemas de verdad están papá y mamá con sus desempleos eternos. Encima se les ha ocurrido adoptar un niño turco que no sabe decir ni mamá.