Vendo casa de pueblo
Tuvo cuidado para no perder las llaves mientras se subía a la mesa a la que se sentaban sus suegros. Eran dos viejos que siempre la miraban con desaprobación. Su marido aplaudió. Estaba tan enamorado de ella que no le importaban sus comportamientos fuera de lo común. Levantó las llaves que llevaba en la mano derecha y dijo: vendo mi casa. No la creyeron. Sabían que no tenía otra vivienda que no fuera la que le habían regalado sus suegros a su marido. Su suegra le pidió que se bajara de la mesa. Estaba indignada. La muy bruja seguía pensando que su hijo se había casado con una loca.