Nunca fui una abogada débil ni miedosa, pero ver como aquel hombre cogía la pistola del policía que lo custodiaba, la apoyaba en su sien y apretaba el gatillo me hizo temblar como una medusa fuera del mar. La escena la vio todo el comité porque se reflejó en el espejo de la sala. El hombre está amarillo y durante unos segundos eternos permanece con una sonrisa inmóvil en los labios. Se escucha la retransmisión del partido del Real Madrid. Parece que están en la prórroga. Más tarde la mujer del fallecido nos diría que el suicidio de su marido fue un oprobio para los madrilistas.
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