Arturo venía vestido de amarillo y traía un ramo de flores amarillas en la mano. Eran guirnaldas amarillas. Mis canarios empezaron a cantar.
-Dile a Arturo que se quede en el huerto -me pidió mama-. No quiero que nos estropee la fiesta.
-Sí, mamá.
-Dile también que no toque las campanas. Hoy quiero alegría.
Arturo quedó solo, fuera del hogar familiar donde los demás asistíamos a la fiesta e cumpleaños de mamá.
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