Somos dos chicas valientes,¿verdad?, le pregunto a mi hija, quien, como yo, tiene un pánico atroz a los insectos. Las dos nos escondemos detrás de la cortina del salón. Mi hija dice sí moviendo su cabecita rubia mientras me abraza con sus brazos helados por el miedo. Mientras llega a nuestros oídos el zumbido aterrador de la abeja que ha entrado por la ventana de la cocina que mi marido ha dejado abierta cuando estuvo preparando sus tostadas con miel de todas las mañanas.
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