Todo se había terminado. Descolgó el retrato que había presidido el salón durante cuarenta años. Tenía que empezar una nueva vida lejos de su recuerdo. Atrás quedaban cuarenta años vividos en común con sus alegrías y sus penas. Llevó el cuadro a la cocina y allí lo tiró en el cubo de la basura. En el cubo estaba también su propio retrato pintado por la hija pintora que habían tenido.
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