Wednesday, January 07, 2015

Maldiciendo a Dios

 El avión había despejado sin problemas. Jacobo no podía creer lo que estaba sucediendo ahora. Sacudidas y más sacudidas. Un rayo iluminó el interior de la aeronave. Varias mujeres gritaron. El compañero de asiento de Jacobo empezó a maldecir.

 -Dios no tiene culpa -musitó Jacobo.
 -¡Vaya si la tiene! -exclamó el hombre.

 Otro rayo partió en dos una de sus alas.
 -Esto es el fin -dijo una azafata, y se sentó al otro lado de Jacobo-. ¿Le importa si lo abrazo, señor?
 -No.
 -Quiero morir abrazada a un hombre. Pensaré ue es usted mi marido.

 Jacobo se dejó abrazar por la azafata. La mujer apoyó la cabeza en su pecho.

 A su oto lado el hombre gordo seguía maldiciendo. Pasaron los minutos y cesó la tormenta. El hombre gordo no cesó sus maldiciones. La azafata siguió abrazada a Jacobo.

 -Besame antes de morir -le susurró cuando el avión estaba aterrizando.
 -No puedo -le dijo Jacobo-. Soy maricón.

 La azafata despertó asustada. Jacobó le sonrió.

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