El avión había despejado sin problemas. Jacobo no podía creer lo que estaba sucediendo ahora. Sacudidas y más sacudidas. Un rayo iluminó el interior de la aeronave. Varias mujeres gritaron. El compañero de asiento de Jacobo empezó a maldecir.
-Dios no tiene culpa -musitó Jacobo.
-¡Vaya si la tiene! -exclamó el hombre.
Otro rayo partió en dos una de sus alas.
-Esto es el fin -dijo una azafata, y se sentó al otro lado de Jacobo-. ¿Le importa si lo abrazo, señor?
-No.
-Quiero morir abrazada a un hombre. Pensaré ue es usted mi marido.
Jacobo se dejó abrazar por la azafata. La mujer apoyó la cabeza en su pecho.
A su oto lado el hombre gordo seguía maldiciendo. Pasaron los minutos y cesó la tormenta. El hombre gordo no cesó sus maldiciones. La azafata siguió abrazada a Jacobo.
-Besame antes de morir -le susurró cuando el avión estaba aterrizando.
-No puedo -le dijo Jacobo-. Soy maricón.
La azafata despertó asustada. Jacobó le sonrió.
-------------------