Alicia no prosperaba más porque ya había una jefa en su empresa. Doña Gumersinda seguía ocupando el despacho de directora del bufete de abogados. Encima iba a quedar sin piso: el casero quería la vivienda para un hijo. Por eso tenía que mirar anuncios de pisos todos los días.
-Seguiremos viviendo en el centro de Barcelona -decidió su marido.
-Los alquileres se han cuadriplicado. No podemos permitírnoslo.
-Yo soy pijo, cariño.
-Pues tendrás que dejar de serlo, amor. Nos vamos para Badalona.
Ganó su marido:alquilaron un piso en el centro burgués de la Ciudad Condal, en un edificio habitado por extranjeros ricos siempre de vacaciones.
Fue un acierto. Alicia empezó a prosperar gracias al realquiler de habitaciones.
-Hoy tenemos dos turcos, un chino y un irlandés,amor.
-Perfecto. Estaba cansado de los yanquis del fin de semana.
-¿Aceptamos a los negros de Nairobi? Creo que son narcos.
-Si tienen dinero, son bienvenidos.
Alicia era feliz. Nunca había ganado tanto dinero. Doña Gumersinda podía seguir siendo la jefa del bufete de abogados.
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