Tuesday, October 22, 2019

La Duquesa de Peñaflor con Caperucita Roja

​ Nadie diría que aquella niña con trenzas rubias y ojos azules mar era la niña siria que había acogido junto a su familia la duquesa de Peñaflor. Su amiga, la duquesa del Sol Sonriente no la reconoció, pero sí le vino al recuerdo el cuento de Caperucita Roja.

 La niña de las trenzas rubias llevaba un vestido rojo a juego con la caperuza roja. En su mano había un cestito lleno de fresas rojas. La niña se abría paso entre las parejas que bailaban en el salón.

 -¡Caperucita! -chilló la duquesa de Peñaflor, señalando el perro mastín que acababa de entrar.

 Los ladridos del can se impusieron a la voz del cantante. El pianista siguió tocando. El cantante calló. No sabía cómo deshacerse del abrazo de una niña de cinco años, aterrada, suplicante.

 Los invitados de la duquesa de Peñaflor aplaudieron. La duquesa le tiró los canapés al perro. Comía de todo y obedecía bien. El can estaba muy agradecido por haberlo rescatado de una perrera municipal. La niña, en cambio, no aceptó el pastel de nata. Seguía llorando abrazada al cantante, a su padre.

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