El GPS del abuelo nos trae de cabeza. Hoy nos llamaron los de la central de alarma. El abuelo, según el GPS dichoso, se había fugado de la Residencia Miraflores y estaba en Oviedo viendo los invitados a los Premios Princesa de Asturias. Mamá encendió la televisión, buscó la retransmisión del evento y se sentó en el sofá. No, el abuelo no parecía que estuviera ante el Hotel Reconquista. Si hubiera estado, seguro que habría saldado el cordón policial y le hubiera solicitado un beso a doña Leonor. Siempre dice que la Princesa de Asturias es igualita a mí. Por eso le da besos a las fotos de la princesita en la revista ¡Hola! que le lleva mi madre cuando va a verlo.
Pasaron dos horas antes de recibir el siguiente aviso alarmante: el abuelo estaba en Paris. Eso no es cierto, dijo mamá, y se fue a hacer la cena muy tranquila. Su padre nunca saldría de España, estaba segura. Yo no lo estaba tanto. Recordé que el abuelo me dijo el día que le regalamos el reloj con GPS que hubiera preferido un viaje. Quería conocer París, la ciudad del amor. Empezó a contarnos que se había enamorado de la abuela en París. Mamá señaló la cabeza y me susurró que el abuelo estaba chocheando.
El tercer aviso de la central del GPS fue que el abuelo estaba en la discoteca Chastón de La Coruña. Entonces quedé tranquila. Era imposible. La discoteca Chastón había cerrado hacía años. El abuelo solo podía estar en su residencia. Llamé a la directora y le pedí que lo buscaran bien. Tenía razón: el abuelo se había escondido debajo de la cama. Por eso el GPS de su reloj se había vuelto más loco que él mismo.
Yolanda Smith
Escritora anónima
| Los regalos que más nos gustan tiendamarbella.blogspot.com |
