Los repartidores de El Corte Inglés seguían subiendo hacia el 5ºA. La vecina del 4ºB se asomó por el descansillo de la escalera. Era el tercer repartidor que salía del montacargas. Su hija ya había visto subir a dos por la pantalla del portero automático. La vecina del 4ºB entró en su casa y corrió a la ventana del salón. Un trailer acababa de aparcar enfrente del edificio. Salían el conductor y su acompañante. Vio como abrían la parte trasera del camión y sacaban cajas y cajas y cajas.
El vecino del 5ºC era un señor sin trabajo. Llevaba dos años en paro. Hoy regresaba de la oficina de empleo. Le habían dicho que no tenía derecho a más prestaciones. Cuando vio delante de la puerta de su vecina, la funcionaria del Ayuntamiento de La Coruña, una pila de cajas que seguían hacia las escaleras y ocupaban el fondo del pasillo de la planta, no pudo frenar la tentación de robar. Ella tanto y él tan poco. Echó mano de una caja y la arrastró hacia su casa.
La cámara de vigilancia que tenía instalada la funcionaria del Ayuntamiento de La Coruña entró en acción. Envió una fotografía del robo de la caja que contenía cervezas Estrella Galicia y chorizos Coren a los ordenadores centrales de Seguridad Galicia. La empresa de seguridad comunicó el robo reenviando las fotos que lo probaban a la Policía Nacional.
La funcionaria que vivía en el 5ºA hizo hueco a la patrulla que pasaba por la carretera y aprovechó el camino que abrían para acelerar su viaje hacia su domicilio. Aparcó en doble fila, bajó del coche, y compró el periódico. La Voz de Galicia regalaba puntos para conseguir una vajilla a mitad de precio.
Su marido, también funcionario, pero de la Diputación, llegó antes que ella al domicilio familiar. Se sorprendió cuando encontró el barrio tomado por las Fuerzas de Seguridad del Estado. Más se sorprendió cuando vio la policía ante la puerta de su casa.
Los agentes lo informaron del robo. Le preguntaron si conocía al detenido. El marido de la vecina del 5ºA les dijo a los agentes que habían detenido a su vecino del 5ºB. El vecino no decía nada. Callado, miraba al suelo. Su hijo pequeño estaba asomado a la puerta mientras daba cuenta de un chorizo de los que había robado su padre. El vecino del 5ºA sintió pena. Buscó en su bolsillo unos chicles sin azúcar marca Orbit y se los entregó al muchacho. El niño los aceptó sin darle las gracias.
Llegó la vecina del 5ºA. ¿Qué había pasado? ¿De dónde habían salido tantas cajas? Cortana reconoció su voz y contestó desde el ordenador portátil de su despacho que las cajas contenían un pedido hecho por la nevera. Los policías habían venido por el robo que denunció a la policía la cámara de seguridad instalada por la empresa Prosegur.
-Esto es la Internet de las cosas -masculló el marido.
-Nos llevamos al ladrón -dijo un policía.
Yolanda Smith
Escritora anónima
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