Thursday, June 24, 2021

La vendedora de las hamacas de playa

Vender tumbonas acolchadas puerta a puerta era un duro trabajo. Se lamentó de su pobreza. Era una abogada que no ganaba con sus clientes el suficiente dinero para pagar sus gastos. Su suerte hubiera cambiado si la hubieran contratado en la Asociación de Amas de Casa de O Grove, pero no fue posible. La Xunta de Galicia les denegó la subvención de la abogada.

Rosaura pisó el acelerador. Estaba en una zona donde nadie compraría sus tumbonas. Olía a vacas. Las granjas que había a ambos lados de la carretera la hacían pensar en vecinos más preocupados por su trabajo que por su ocio. No tomarían el sol.

La mala suerte la seguía rondando. ¿Qué hacía aquel tipo del tractor? ¡Oh, Dios! ¡Venía hacía ella! Rosaura cerró los ojos y rezó. Estaba a nada de pasar al más allá.

Despertó acostada en una de sus hamacas. Al lado, en otra hamaca, estaba el tipo del tractor leyendo el periódico.
 -¿Cómo estás? -le preguntó.
 -¿Quién eres tú?
 -Soy el puñetero dueño de la empresa que vende las hamacas. ¡No vendiste ni una hamaca en 15 días!

Yolanda Smith
Escritora Anónima

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