El trabajo que nadie quiere es para mí. Espero llamada desde hace una semana. Nada. Vuelvo a mirar la lista de contratación. Pasé del número 22 al número 25. Leo los nombres y me suenan los nombres de varias compañeras. Me desilusiono.
Echo de menos el rápido, rápido. Me faltan los descansos en el cuartito del café. Necesito las prisas de por la mañana. Tengo que cubrir las horas que no tengo cubiertas con una ocupación que me dé un sueldo.
Mi imaginación se echa a volar. ¿Y si Eduardo hizo un informe negativo sobre mí?... Recuerdo que rompí el carro de la comida. Pero no me dijo nada. El carro se arregló y todo funcionó perfecto hasta que tuve el problema en la taquilla. Me rompió la llave, pero no se enteró nadie. Hice una copia de la llave rota y le di el cambiazo a Eduardo el último día.
No puedo pensar más porque me agobio demasiado. Seguiré creando contenidos para mis webs. No es cuestión de lamentos. Ya me llamarán cuando les venga en gana.
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