Mi cuñada se puso enferma en plenas navidades. Siempre fue una mujer tan perfecta que no queríamos creer que estuviera con dolores estomacales. Mi suegra la fue a ver y regresó a casa alarmada.
-Kira está muy pálida.
-¿Va a morir? -le pregunté alarmada.
-Eso parece.
No pudimos cenar tranquilos. La niña canceló la salida con su novio porque temía que la tía falleciera estando ella bailando en la discoteca. Le pedí que fuera a bailar tranquila.
-Hasta mañana no te daremos la noticia, si hay que darla.
-Prefiero estar en casa.
Mi cuñada sobrevivió a la Nochebuena. El día de Navidad también estaba viva. Mi hija salió con su novio el resto de días hasta Reyes.
Ese día fue a ver a su tía y regresó asustadísima.
-La tía Kira está violeta, mamá. Tienes que ir a verla.
-Prefiero recordarla roja, cariño. Me hacía mucha gracia cuando se sonrojaba al descubrir tu abuela que la comida que nos servía la había comprado hecha en el bar del barrio.
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