Cuando estaba al límite de sus fuerzas, la americana recuperó la consciencia.
-Gracias... No sé cómo agradecerselo.
"Lo que yo no sé es cómo me metí en este lío" pensó Nashima.
-Ande rápido. Tenemos que salir de la ciudad.
-¿Dónde vive usted?
-En las afueras pero no la puedo llevar a mi casa. Me colgarían por colaboracionista.
-Los talibanes ya no están en el Gobierno.
-Aún así hay que tener precauciones.
Nashima se maldijó por haber aceptado el dinero. ¿Quién le mandaría a ella?.
-Puede hacerme pasar por una hermana suya. Con este velo nadie me reconocería. Yo sería una hermana que viene de visita un par de días...
-Esa historia no vale. En Afganistán las mujeres no viajan solas. Siempre van acompañadas por un hombre de su familia.
-Usted cuando me encontró iba sola con su hija.
-Yo soy viuda. Mi hermano vive en Pakistán y mis dos hermanas viven en Kabul con sus familias.
-¿Y sus padres?
-Mi padre murió luchando contra los soviéticos y mi madre vive conmigo.
-¡Nashima! -la aludida quedó petrificada cuando vio a su madre ante ella-. La niña me dijo que habíais encontrado a una mujer herida.
Ahma miró con curiosidad a la extranjera.
Nashima, pasado el estupor inicial, trató de reaccionar. Las palabras empezaron a salir de su boca.
-Mamá, te presento a Fariba, la mujer de tu hijo Hamid.
-¿Y Hamid?
-Marchó a Kabul con su jefe.
-¿Sin venir a verme?
-Me mandó a mí, señora. Estoy encantada de conocerla.
"Menos mal que la americana tenía lengua. ¿Dónde habría aprendido a hablar pastho tan bien?".
-Yo también me alegro, hija. Ojalá hubiera podido ir a la boda.
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Holly pasó dos días en la humilde casa de Nashima como su cuñada pakistaní. La estancia fue menos problemática de lo que esperaba Nashima. Había que reconocer que la extranjera interpretaba bien el papel de mujer musulmana. Hasta se entendía con el burka.
Le contó que antes de alistarse al ejército había colaborado con una ONG en Pakistán. Allí atendió a los refugiados que huían de Afganistán. Les daban comida, ropa, medicinas,...
En Kandahar también había misioneros de esos, pero a Nashima nunca le dieron nada. Cuando quedó viuda fue a pedirles una máquina de coser para confeccionar ropa. Le dijeron que eso era mucho pedir. Se las daban a las asociaciones de mujeres. Tenía que apuntarse a una y allí podía utilizar la máquina. Nashima ni lo intentó. Era perder el tiempo. La Asociación Democrática de Mujeres de Kandahar estaba controlada por las mujeres de los jefes talibanes. Ellas, que dejaron de trabajar en los hospitales y en las escuelas cuando sus maridos accedieron al poder, ahora se asociaban para defender sus derechos. Nashima tenía que defender el derecho a comer.
-¿Cómo te hiciste con las máquinas de coser?-le preguntó Holly.
-Alá es grande.
"Si yo te contará..."-pensó-. "Cuando tus hijos lloran de hambre tienes que buscar soluciones. Los rezos no resuelven la situación".
Holly era una defensora acérrima de las ONGs. Le parecía parecía imposible que no ayudaran a gente tan necesitada como una joven viuda con tres hijos.
-Pero te dieron comida, ¿no?.
-No me dieron nada. Para recoger unas galletas vitaminadas tenía que llevarles no sé qué papel del Gobernador.
-Nosotros en los campos de refugiados ayudábamos a todo el mundo.
-Porque estaban los de la prensa.
Holly se quedó muda. Nashima sonrió.
-Yo soy una mujer musulmana, pero no soy tonta. Entre mi mundo y el tuyo no hay mucha diferencia. En ningún sitio hay cabida par los pobres. Cuando caes nadie te tiende una mano; todos te dan patadas.
-Tú me ayudaste a mí. Me ocultaste en tu casa,curaste mis heridas, me diste de comer,...
-Cuando te encontré te iba a matar. Quería vengar a mi marido. Gracias a Alá detuve mi mano a tiempo. Aziz no valía tanto. No habría muerto si se ocupara de su familia y se dejara de guerras.
-Mi marido también está herido. Ojalá pueda marchar pronto.
El marido de Holly fue uno de los heridos del restaurante.
-Dale tiempo al tiempo. En un par de días habrá pasado este revuelo por el atentado. Cuando empiece el Ramadán te será más fácil acercarte al aeropuerto.