
-Ayúdeme, por favor.
La americana hablaba pastho. Le habrían enseñado algunas frases para moverse por aquella zona.
Era una chica delgada, de unos veinticinco años, muy rubia, con ojos azules. No se veía gravemente herida. A simple vista Nashima sólo le encontró algunos cortes sin importancia y una quemadura en el brazo izquierdo.
Le abrochó la chaqueta.
No podía hacer nada por ella. Los americanos estaban mal vistos hasta por aquellos que decían ser sus amigos.
-Ayúdeme.
-No puedo. Tengo que irme.
-Mami, la chica está malita. ¿Por qué no la llevamos para casa?. La abuelita la puede curar.
"Dichosos niños, lo ven todo tan fácil".
-No es el caso, Noriya.
-La abuelita curó al perrito de Aziz.
El perrito abandonado. ¿Cómo explicarle a su hija que el pobre animal no era norteamericano?. El perro lo encontró su hijo Aziz delante de casa. Había pisado una mina y le faltaba un trozo de pata. Su madre lo había curado con un remedio casero.
-Déjeme su burka -pidió la herida.
-¿Cómo? -Nashima agarró la pesada prenda con ambas manos. La extranjera debía estar loca. A ver si en vez de volver con los suyos quería quedarse en Afganistán de espía
-.Yo no puedo salir a la calle sin esto. Ustedes, las infieles, no lo necesitan.
-Tapada con el burka podría cruzar el pueblo, acercarme a alguna patrulla extranjera y pedirle ayuda.
Podría funcionar si no la lincharan los lugareños por prostituta. Las mujeres afganas no hablaban con los extranjeros y menos sin compañía masculina.
Además, ¿cómo le iba a devolver el traje?. Nashima no podía regalárselo. Sólo tenía dos. Uno lo compartía con su hija.
-Se lo devolveré.
-¿Cómo?
-Nuestros soldados se lo pueden llevar.
-¡No! -casi gritó Nashima. La acusarían de colaboracionista. En Kandahar aún habíua muchos partidarios de los talibanes. Decían que no todo era malo con ellos. Había más seguridad, ayudaban a los necesitados,... Eran como todos: apoyaban a los ricos y oprimían a los pobres.
-Ya sé, le daré dinero.
El dinero no le venía mal.
La herida buscó con dificultad en los bolsillos de su uniforme. Sacó un fajo de dólares.
"¡Por Alá!, en América todos son ricos. Con tanto dinero en Afganistán se construía un palacio."
Le tendió el dinero.
"¿Por qué no?" pensó Nashima. Aquellos billetes ponían otro color en su futuro.
Bien, la ayudaré -guardó el dinero-.Noriya, quitate el burka.
Buscó el cuchillo con el que casi mata a la americana y se puso a descoser el dobladillo.
-Va a tener que quitarse su ropa. No podemos exponernos a que vea eso -dijo señalando el uniforme caqui.
La americana comenzó a desnudarse.
-Póngase esto primero.
Una vez disfrazada la extranjera ¿qué hacía con su ropa?.
-¿Tiene cerillas?
-En el bolsillo de la chaqueta hay un mechero.
-Queme la ropa.
Esperaron en el monte hasta que ardió el traje militar. Cuando se acercaran a ver los restos del avión pensarían que el piloto habría muerto quemado.
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Nashima acompañó a la americana al restaurante a donde iban a comer los militares estadounidenses. Cuando llegaron escucharon tiros. La americana se asustó.
-Venga. Aquí los disparos son habituales.
-Pensé que había terminado la guerra -susurró la extranjera.
"Entonces cómo estabas bombardeando con tu avión, bonita. ¿O es que las bombas que tiráis desde el cielo son fuegos artificiales?".
Se escucharon más tiros.
Nashima se preguntó si se estaría metiendo en un lío por culpa de aquella tipa. Tonterías, se estaba contagiando del miedo de su protegida. Lo más seguro a aquellas horas era que algún ricachón de Kandahar celebrará la boda de su hija en el restaurante.
-¡Retírense! -gritó un norteamericano-.Ha habido una emboscada.
Los lugareños comenzaban a asomarse. No querían perderse el espectáculo de la sangre infiel.
Nashima quedó helada. ¿Qué hacía con la americana?. No podía dejarla allí. Si la descubrían no la salvaba de un linchamiento ni todo el armamento de los suyos.
Empezaron a pasar las camillas con heridos.
Entonces la americana se desplomó en el suelo ante la mirada aterrorizada de Nashima.
-John.. -apenas pudo oír cuando se arrodilló a su lado.
Nashima miró a su alrededor. Nadie se había enterado. Quizá aún podía remediar la catástrofe.
-Noriya ve andando hacia casa -le susurró a su hija.
La niña obedeció. Sentía auténtico terror por los hombres del gorrito. Decía que eran los que habían matado a su padre.
La americana seguía sin volver en si. Nashima la puso de pie. Si no hubiera gente despertaba a aquella tonta con un bofetón. La sacudió. Nada. No respondía pero muerta no estaba. Si no estubiera desnuda podía tirar de ella cómodamente. Pasó un brazo por la cintura de la joven, comprobó que el burka no dejaba nada al descubierto y echó a andar tan deprisa como pudo.