Tuesday, July 10, 2007

Abrazar un sueño


Volar es un sueño. La niña María cierra los ojos y sueña. ¿Qué cuesta soñar? Ella es la pilota del avión de Iberia que acaba de pasar sobre la casa; sortea las nubes y corre muchísimo elevando al pájaro de metal hasta la troposfera. ¿Se puede? Cree que sí. En un sueño todo es posible. Hasta dejar los mandos de la cabina se puede. María también lo hace. Pasa a la inconsciencia sonámbula abrazada a una muñeca que se deja abrazar.

Está en la clase primera, con asientos amplios y pocos pasajeros. María prepara un asiento-cama para ella. Los pasajeros siguen leyendo los periódicos como si ella no estuviera allí. María piensa lo bonito que es no tener miedo, confiar en el avión automático que no la necesita y dormir tranquilamente hasta que una voz de azafata diga "estamos en Madrid".

Una sacudida la despierta. Ahora tiene miedo. Suelta la muñeca y se tapa los oídos. El avión aterriza mal.

-¡Despierta!

¿Quién es el pasajero que se atreve a despertar a la pilota más joven de Iberia? Es un niño pecoso, hermano suyo, que presume de mayor y reclama la sala para ver la tele con un grupo de amigos.

María deja su sillón y abandona su sueño de pilota de Iberia.

-¡Lleva tus muñecas!

Las muñecas las deja esperando el siguiente avión o quizá un sueño para el que necesite abrazar un cuerpo celeste.