¿Venganza?
Los de UNICEF abrieron el antiguo colegio de niñas. Nashima lleva todos los días a su hija mayor. La niña tiene cuatro años pero nunca es pronto para ir aprendiendo a leer y a escribir. Además, si vuelven los talibanes, las niñas no podrán recibir clase. Volverían a destruir la escuela o la convertirían en una madrasa.
-Mami, mira como me puse los dedos.
Noriya le muestra las manos manchadas por ceras de colores.
-¿Pintaste las paredes?
-No. Hicimos un mural con las niñas mayores. Yo pinté las letras grandes.
Ponían "Loya Jirga".
Nashima asintió. La "Loya Jirga" era la asamblea de jefes tribales y ulemas que se convocaba cuando había que elegir un nuevo rey. También promulgaba las principales leyes.
Últimamente se hablaba mucho de la "Loya Jirga". Los jefes de las tribus pastunes querían recuperar sus viejas costumbres. Hasta los "ghilzai" la defendían. Otros conversos: primero con los talibanes y ahora con los americanos. La familia de Nashima era "durrani", igual que el exiliado rey Zahir.
-¿Aziz también va a ir a la escuela?- Noriya le tiraba del burka.
-Para el próximo curso, cariño. Aún es muy pequeño.
"Gracias a Dios" pensó Nashima. "Ya bastante tengo con pagar un colegio". Además las madrasas eran más caras. Decían que en Paquistán eran gratuitas porque las pagaba el gobierno de Arabia Saudí. También le podía pagar a los ulemas afganos.
En Afganistán había que pagar por todo. Los ulemas nunca tenían bastante. Cobraban por enseñar a los niños teología y derecho musulmán en las madrasas. Cobraban por interpretar la "sharia".
Nashima se estremeció. Los mandamientos de Alá la aterrorizaban. Todo se castigaba: el afeitado de los hombres, las mujeres sin burka, los tacones, las uñas pintadas,...
Nadie odiaba más el burka que Nashima. Era como echarse una sábana por la cabeza. Apenas se podía ver por la rejilla. Nashima siempre le quitaba algunos hilos. No podía permitirse un accidente. ¿Quién le iba a dar de comer a sus niños si a ella le pasaba algo?.
-Mami, mira.
Noriya volvía a tirar de su burka.
-Un pájaro salió de aquella nube, mamá. Era enorme.
No era una nube. Más bien parecía una explosión. Estarían bombardeando otra vez.
Nashima agarró a su hija de la mano y apuró el paso. No era cuestión de echarse a correr pero tampoco de mirar el espectáculo.
A escasos metros de ellas cayeron trozos de metal plateado.
¡Por Alá! ¡Las estaban bombardeando!. Malditos americanos. Primero mataron a Aziz y ahora la iban a matar a ella. Se detuvo. Sus piernas se negaban a seguir andando.
-Mami, mira. Allí está el pajarito de la nube -dijo Noriya señalando una zona boscosa.
No era un pajarito. Era un soldado. Debía haber caído del avión que bombardeaba.
-Cariño, esperame aquí.
Nashima escaló las rocas y se fue acercando al soldado. Alá le daba la oportunidad de vengar a Aziz. Muerte por muerte. No sólo iban a llorar las mujeres afganas. Buscó el puñal que siempre llevaba en el cinturón. Nunca había matado a un ser humano pero siempre hay una primera vez para todo. Tenía que vengar a su marido.
Tal como suponía aquel condenado no estaba muerto. Aún se movía a pesar de haber caído de un avión. Nashima lo agarró por la chaqueta y lo sacudió.
-Help, help... ¡My God!
Pedía ayuda a su Dios. Ya lo ayudaría en el otro mundo.
Lo volvió a sacudir. Se sorprendió de lo poco que pesaba. Aquel americano era muy poca cosa. Le hubiera gustado matar a uno de los del aeropuerto. Eran hombres robustos pero este cobarde no valía ni el trabajo de rajarlo.
-¡Mami, es una chica!
Nashima tiró el puñal. Su hija había estado apunto de presenciar un crimen a manos de su madre.
"Alá, perdóname".
Cayó de rodillas al lado de la prisionera americana.
La vida de Aziz no valía tanto.