
Alejandro no puede más. Son los años, se dice. Aún queda una habitación. Por la noche los dueños del minihotel los dejan solos y Diana se emperra en hacer el amor a lo loco por toda la casa.
Hoy es la última noche. Se oyen las olas romper con fuerza en el acantilado. Los cristales se llenan de minúsculas salpicaduras espumosas de una lluvia inversa causada por el oleaje. Alejandro vuelve a pensar si la casa es segura. Se imagina el titular: "Turistas desaparecidos en El Hierro". Quizá ni sean noticia. Margot no sabe donde está. Le dijo que iba a Oporto por negocios. Y a Diana seguro que nadie la busca tampoco. Es una solitaria insociable como tantas mujeres liberadas. No es lo que él busca. Alejandro quiere lo que no existe: una réplica de Margot.
-Margot -murmura cuando alcanza el clímax.
-¿Margot?
Diana lo empuja, cae de la mesa sobre la que están. En un rincón de la cocina la cabra "Cascabelina" hija chilla.
-¿Quién es Margot?
-Mi madre.
Diana sentada en la mesa estalla a carcajadas.
-Tienes complejo de Edipo, cariño. ¿Te has hecho daño? Vas a volver a casita con algunos moratones.
&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&
El avión de Iberia deja atrás el aeropuerto de El Hierro. Alejandro suspira aliviado. Atrás queda otro sitio conocido. En unas cuantas horas quedará también otra mujer. Nunca vuelve al mismo sitio ni repite tampoco acompañante.
-En navidad voy a volver. ¿Me acompañarás?
-Falta mucho tiempo para navidad.
-¿Nos veremos en el puente del Pilar? Podemos ir a Estoril.
Alejandro sonríe. Todas las mujeres se enamoran de él. Pobres ingenuas.
-¿Tienes mucha prisa por volver a casa? Podemos quedarnos en el Ritz unos días.
-¿En Madrid?
-Sí.
-¿Tú no trabajas?
-Sí, ya te conté. Soy funcionaria.
-Ah... sí, de Hacienda me dijiste.
-El Ritz me queda cerca del trabajo. Tú duermes por la mañana y el resto del día lo podemos compartir como nos gusta, ¿verdad, cariño?
Alejandro duda. No, mejor vuelve a casa. En el Ritz puede encontrarse con algún conocido. Hay muchos diputados que residen en el hotel. Margot se enteraría. Mira a Diana. Si ella supiera...
Se oye un chillido.
-Esos chicos llevan un animal -dice una señora.
Alejandro palidece.
-Dele una propina a la azafata.
Diana va directa a su billetera, le pone un billete de cien euros en la mano.
-Señor, ¿qué llevan en su equipaje de mano?
La "Cascabelina" hija repite su sonido característico complementado por un cascabel que no le han quitado.
Alejandro le sonríe a la azafata.
-¿Qué oye mi niña? Yo sólo oigo a una sirena guapísima.
La azafata le devuelve la sonrisa. En el bolsillo de su uniforme lleva el billete de cien euros.
&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&
Al final acaba en el Ritz. Sólo una noche se promete. Ha venido porque la azafata se hospeda en el hotel. Será su próximo ligue combinado con un sitio a descubrir.
-¿Sabes a quién vi en el pasillo?
Diana no ha perdido la costumbre de pasearse desnuda por la habitación.
-A un político del PP. No me acuerdo de su nombre.
-Por favor, no me hables de esos.
-¿No eres del PP?
-Me parece que no.
-¿Eres socialista?
-Es lo único que puede ser una persona decente.
-Pero si vives a lo grande...
-¿Sólo pueden vivir bien los de derechas?
-Tú no eres un trabajador. Eres un empresario.
-¿No trabajan los empresarios, nena? ¿Qué ingenua eres!
-Entonces eres hijo de un político. Esos son los ricos "progres".
Alejandro quiere gritarle: "estás equivocada", pero no puede articular palabra. La ve vestirse. Es una facha.
-Si quieres llamame otro día, ahora tengo que ir a trabajar.
Diana le da una tarjeta. Alejandro la tira al suelo.
-Sí, no te jode, para discutir.
-Simplemente para dialogar. Me encanta hablar de política. El nuevo Gobierno es un desastre. Ahora somos la criada de Francia.
-Sí, su esclava.
Diana se ríe con esa sonrisa contagiosa que ya no contagia a Alejandro. Coge la maleta y ya en la puerta le dice:
-Me aburres. Adiós.
En las escaleras el maître lo saluda. Alejandro no contesta. Le tira la visa oro a la recepcionista.
-Cobre la estancia.
-Sí, señor.
En el móvil tiene un mensaje. Es de Diana.
"Adiós señorito progre"
Hoy es la última noche. Se oyen las olas romper con fuerza en el acantilado. Los cristales se llenan de minúsculas salpicaduras espumosas de una lluvia inversa causada por el oleaje. Alejandro vuelve a pensar si la casa es segura. Se imagina el titular: "Turistas desaparecidos en El Hierro". Quizá ni sean noticia. Margot no sabe donde está. Le dijo que iba a Oporto por negocios. Y a Diana seguro que nadie la busca tampoco. Es una solitaria insociable como tantas mujeres liberadas. No es lo que él busca. Alejandro quiere lo que no existe: una réplica de Margot.
-Margot -murmura cuando alcanza el clímax.
-¿Margot?
Diana lo empuja, cae de la mesa sobre la que están. En un rincón de la cocina la cabra "Cascabelina" hija chilla.
-¿Quién es Margot?
-Mi madre.
Diana sentada en la mesa estalla a carcajadas.
-Tienes complejo de Edipo, cariño. ¿Te has hecho daño? Vas a volver a casita con algunos moratones.
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El avión de Iberia deja atrás el aeropuerto de El Hierro. Alejandro suspira aliviado. Atrás queda otro sitio conocido. En unas cuantas horas quedará también otra mujer. Nunca vuelve al mismo sitio ni repite tampoco acompañante.
-En navidad voy a volver. ¿Me acompañarás?
-Falta mucho tiempo para navidad.
-¿Nos veremos en el puente del Pilar? Podemos ir a Estoril.
Alejandro sonríe. Todas las mujeres se enamoran de él. Pobres ingenuas.
-¿Tienes mucha prisa por volver a casa? Podemos quedarnos en el Ritz unos días.
-¿En Madrid?
-Sí.
-¿Tú no trabajas?
-Sí, ya te conté. Soy funcionaria.
-Ah... sí, de Hacienda me dijiste.
-El Ritz me queda cerca del trabajo. Tú duermes por la mañana y el resto del día lo podemos compartir como nos gusta, ¿verdad, cariño?
Alejandro duda. No, mejor vuelve a casa. En el Ritz puede encontrarse con algún conocido. Hay muchos diputados que residen en el hotel. Margot se enteraría. Mira a Diana. Si ella supiera...
Se oye un chillido.
-Esos chicos llevan un animal -dice una señora.
Alejandro palidece.
-Dele una propina a la azafata.
Diana va directa a su billetera, le pone un billete de cien euros en la mano.
-Señor, ¿qué llevan en su equipaje de mano?
La "Cascabelina" hija repite su sonido característico complementado por un cascabel que no le han quitado.
Alejandro le sonríe a la azafata.
-¿Qué oye mi niña? Yo sólo oigo a una sirena guapísima.
La azafata le devuelve la sonrisa. En el bolsillo de su uniforme lleva el billete de cien euros.
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Al final acaba en el Ritz. Sólo una noche se promete. Ha venido porque la azafata se hospeda en el hotel. Será su próximo ligue combinado con un sitio a descubrir.
-¿Sabes a quién vi en el pasillo?
Diana no ha perdido la costumbre de pasearse desnuda por la habitación.
-A un político del PP. No me acuerdo de su nombre.
-Por favor, no me hables de esos.
-¿No eres del PP?
-Me parece que no.
-¿Eres socialista?
-Es lo único que puede ser una persona decente.
-Pero si vives a lo grande...
-¿Sólo pueden vivir bien los de derechas?
-Tú no eres un trabajador. Eres un empresario.
-¿No trabajan los empresarios, nena? ¿Qué ingenua eres!
-Entonces eres hijo de un político. Esos son los ricos "progres".
Alejandro quiere gritarle: "estás equivocada", pero no puede articular palabra. La ve vestirse. Es una facha.
-Si quieres llamame otro día, ahora tengo que ir a trabajar.
Diana le da una tarjeta. Alejandro la tira al suelo.
-Sí, no te jode, para discutir.
-Simplemente para dialogar. Me encanta hablar de política. El nuevo Gobierno es un desastre. Ahora somos la criada de Francia.
-Sí, su esclava.
Diana se ríe con esa sonrisa contagiosa que ya no contagia a Alejandro. Coge la maleta y ya en la puerta le dice:
-Me aburres. Adiós.
En las escaleras el maître lo saluda. Alejandro no contesta. Le tira la visa oro a la recepcionista.
-Cobre la estancia.
-Sí, señor.
En el móvil tiene un mensaje. Es de Diana.
"Adiós señorito progre"