
Alejandro está ahora en el avión. Clase business como siempre. Le parece imposible. Atrás quedan un par de días de papeleos para conseguir un nuevo pasaporte. El cónsul no puedo haber sido más amable. Tampoco le quedaba alternativa. Todas las atenciones eran imprescindibles para el sobrino del Presidente. Alejandro anotó en su agenda recién comprada el nombre del buen hombre. Le enviaría una caja de habanos en agradecimiento.
Quedaban diez minutos para despegar. Una mujer entró. A Alejandro se le heló la sangre.
-¡Hola, cariño! Llevas un bonito traje -Marta le agarra la corbata-. ¿Es de Loewe, verdad? Te encantan las marcas y no eres supersticioso. Yo, en cambio, voy a cruzar lo dedos para que esta corbata amarilla no nos chafe el vuelo.
Marta se sienta a su lado.
-¡Yo no te pago el billete!
-Ya lo sé, cariño, el billete lo he pagado yo.
-La Visa que me mangaste ya está anulada.
-¿Y tú, amor? ¿También estás anulado?
Marta lo besa. Una mujer musulmana que viaja con una niña de corta edad le tapa los ojos a la chiquilla. El marido murmura algo sobre la yihad contra los infieles.
Alejandro aparta a la joven. Quedan cinco minutos para despegar. Aún tiene tiempo. Se levanta.
-Tú no te marchas, ¿me oyes?
Con la mano libre Alejandro marca el número de Margot.
-Mamá,la tipa viene en mi avión. Llama a la policía. Anota el vuelo, es el 308...
Marta le arranca el móvil, corta la comunicación y se lo mete en el bolsillo de la chaqueta.
-¡Qué infantil eres!
Queda callada. Alejandro vuelve a sentarse y coge un periódico en árabe que no entiende.
El avión despega sin problemas. Ya es noche.
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-Mira la luna de Marraquech.
Alejandro mira a Marta. Su melena lisa con raya al medio, su piel luminosa, su sonrisa de dentrífico, su traje de chaqueta chanel, sus piernas larguísimas, sus manos de cuidada manicura francesa,... La fachada de un engaño macabro.
-Es la luna más bonita de África.
-¿Por qué me hiciste esto?
Marta mira el arañazo que le enseña Alejandro discretamente en su brazo izquierdo.
-Porque lo merecías.
-¿Por qué?
-Porque las mujeres somos seres humanos. No somos muñecas hinchables para satisfacer los instintos animales de los señoritos como tú.
-Yo no te obligué a venir. Sólo te invité.
-Querido, tranquilizate. Mira la luna de Marraquech.
Alejandro mira por la ventanilla del avión. Hay luna llena.
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Cuando llegan a Madrid Marta le da un último beso.
-¿Trabajas de verdad en el centro comercial que me dijiste?
-No pierdas tu tiempo, querido. Sólo me encontrarás cuando yo quiera encontrarte y eso será nunca.
Margot lo está esperando a pie de escalerilla acompañada por dos policías nacionales. Alejandro le hace el signo de la victoria. Su móvil acaba de recibir un mensaje. Pone: "nunca me olvides, señorito".