Friday, January 18, 2008

Relato: La oficina de desempleo

 Desde un marco de plata, las niñas de la fotografía miran la cola del desempleo. Vestidos rojos, chaquetas rojas, calcetines blancos, pelo castaño, risa radiante. Es lo que ven los habitantes de la tribu necesidad sobre la mesa de la funcionaria que grita siguiente cuando la clientela forzosa se le despista.
 
 -Traes una declaración de Renta, una fotocopia del DNI, una...
 
 ¿Declaración de renta? ¿Qué renta? Los habitantes de la tribu necesidad sólo pueden declarar la escasez de la despensa, los zapatos viejos, la ropa tan usada como el silencio en un convento, la cartera sonando a calderilla de monedas.
 
 Los ordenadores del mostrador son nuevos. El Estado tiene pasta. Mira las fotocopiadoras. ¡Dios! ¡Cómo funcionan! Ni un fallo. ¿Y qué pone ese cartel de la esquina? ¿Qué hay trabajo? No. Perdieron el tiempo haciendo un cartelito muy mono que prohibe dejar a los niños sueltos en la oficina de desempleo. "Se prohibe que los niños corran por la oficina". Muy bonito. Hay que atar a los niños.
 
 Una madre reciente también ha visto la prohibición. Se sonroja y le dice al niño que se agarre al cochecito de su hermana. El niño no tiene mucha edad para entender, pero obedece. ¡Ay, la niña llora! La mujer busca con la mirada un cartel que prohiba el llanto de los bebés en la oficina de desempleo.
 
 -¡Siguiente!
 -Le toca a usted, señora -le dice la pelirroja teñida que va detrás de ella en la cola.
 
 La funcionaria le cuña la tarjeta de paro, tras comprobar en el ordenador que no tiene trabajo y comparar la fotografía del DNI con la cara envejecida por el cansancio que produce la desesperación.
 
 Llueve. La cola se llena de ciudadanos empapados por la lluvia. ¿Ciudadanos? ¿Hay allí ciudadanos? ¿Se puede sentir uno ciudadano con ese tuteo insultante? Míralos. Mira como ese funcionario con voz de macarrilla de la abundancia trata de tú a esa señora que puede ser su madre por edad. ¿La tutearía si la señora en vez de venir a anotarse en el desempleo viniera a declarar que es la trabajadora mejor pagada de la ciudad? ¿La tutearía si fuera concejal? ¿La tutearía si fuera ministra? ¿La tutearía si fuera presidenta del Gobierno? No quiero pensar cuál sería el trato dispensado por el macarrilla a una persona privada de libertad.
 
 Ahora llega el turno de un hombre que no saluda a la funcionaria, no habla, coge la tarjeta cuñada y se va. Hay más rebeldes. El siguiente, también hombre en la quinta década, dice lo que pensó y no dijo el anterior:
 
 -¿Te ríes de nosotros, chavala?
 
 La funcionaria lo mira asustada. ¿Tendrá que llamar a la policía? ¿Cuál era el número?
 
 -No entiendo... -balbucea.
 -¿Qué coño hace esa foto en el mostrador de una oficina de desempleo?
 -Son mis hijas. Aquí, en ésta otra fotografía está mi marido. Somos una familia feliz.
 -Una familia feliz... Mira a la señorita.
 
 El hombre se va. La funcionaria suspira aliviada. Pensó que le iba a armar un escándalo. A su lado, el funcionario macarrilla sigue tuteando a la clientela.



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