
Amalia no cree lo que ve. Las paredes del apartamento están decoradas con grandes láminas que representan cartas del tarot. Tiembla. Está en la casa de una bruja. Asustada, busca el móvil en su bolso. ¿Dónde lo habrá metido? Cartera, llaves, agenda, pañuelos, caramelos para la tos, la pastillera,...
-Hola, ¿Eres tú la inquilina del verano?
Amalia suelta un gritito.
-Soy la asistenta -se presenta la mujer desconocida que ha entrado sin hacer ruido en el piso-. Patricia me dijo que venía una señora de Madrid en agosto. ¿Eres tú? Mal tiempo vas a tener. ¡Menudo veranito!
-¿A qué se dedica Patricia? -pregunta Amalia, un poco más tranquila.
-Bruja, tarotista, echadora de cartas,..., lo que quieras llamarle. Es mejor que no quites los cuadros -le recomienda-. El verano pasado se alojó aquí un inglés que retiró la imagen del loco y acabó en el psiquiatra.
-¿De verdad?
-Sí, querida. Dijo Patricia que los trastornos mentales le vinieron por haber tomado la decisión errónea de alterar la decoración de su casa.
-Estoy pensando en irme a un hotel.
-Piénsalo. Podría ser una decisión errónea.
-Mi marido llega mañana. Prefiero no dormir sola en una casa como ésta.
-En la habitación hay un cuadro que representa a la reina de oros. Te dará suerte. Tú también eres una mujer rubia y adulta.
La nueva inquilina marcha. Cree más en la mala suerte que en la buena suerte, y nada bueno puede salir de un piso tan esotérico.
Son las doce de la noche cuando la telefonea el marido.
-¿Dónde estás? -le pregunta-. Llevo tres horas esperándote en este apartamento que recuerda una iglesia con tanto santo como hay colgado.
-No son santos -le explica Amalia-. La propietaria es una tarotista y ha llenado la casa de simbología del tarot. ¿Viste la bola de cristal que tiene en la cocina?
-¿No me estarás hablando de esta jarra de cristal ovalada?
Amalia corre al piso. La mala suerte ha entrado en sus vidas. Alfredo no sabe distinguir una bola de cristal de un vaso. ¡Jesús! Amalia reza un rosario completo en el taxi. Llega temblorosa. La próxima vez que alquile un apartamento se asegurará de que sus propietarios no se dedican a la brujería.
-Ésta debe ser Santa Teresa -le dice Alfredo-. ¿Era de Ávila, verdad?
-Voy a llamar a un médico. Estás como el inglés, cariño. Necesitas ayuda psiquiátrica para desembrujarte.
-Aquí pone sacerdotisa. En la Edad Media las monjas debían decir misa.
El médico de urgencias le diagnóstica a Alfredo un coma etílico.
-Pensé que estaba embrujado.
-No, señora. Su Marido sólo tienen una altísima tasa de alcoholemia. Vamos a tener que ingresarlo.
Lo llevan. Sobre la mesa de la cocina queda un recipiente de cristal con dos dedos de vodka. Es la bola de cristal de la propietaria del piso.
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