Thursday, July 03, 2008

Relato: "Los poderes de la niña"

 
 La niña tenía poderes. Predijo que la vecina del primero iba a caer por las escaleras un martes 13 a las ocho de la mañana y así fue. Los perros de la del segundo bajaban corriendo a cuatro patas, azuzados por su ama, una muchacha feílla que había encontrado el amor en las miradas perrunas de sus chuchos. Corred, corred, les decía, y los canes, disparados como balas peludas, llegaron al primero. ¿Un cuerpo débil en su camino a la calle? El perro más grande empujó con su hocico aquel cuerpo demasiado delgado para tener ganas de hincarle el diente.
 
 La vecina del primero cayó sin hacer ruido, hundió un grito de terror en la garganta, volvió a gritar, esta vez con el dolor del tobillo roto.
 
 -Los perros de Petra tiraron a la del primero. Te lo dije, mami. Te dije que iba a ocurrir. Mira el calendario: es martes y 13.
 -Calla, hija, que la del primero es mala persona, muy señorita ella. Una snob.
 -¿Habrá muerto? Ahora no se la oye gritar.
 -Espero que no le haya matado los perros a Petra. Pobrecillos. ¡Tan lindos como son!
 
 La niña se concentró. Veía una contusión en la pata trasera de Lacito.
 
 -¡Ay, mami! Lacito está herido.
 -Ya sabía yo que la del primero acabaría hiriendo a los perros de Petra. Iré de testigo cuando Petra la denuncie por agresiones.
 
 La del primero, una joven de extraordinaria belleza, se arrastra por las escaleras. Tiembla. El miedo le agarrota las manos. Haciendo un esfuerzo sobrehumano, consigue abrir la puerta de su casa. Entra y se deja caer sobre las frías baldosas. El tobillo roto le duele horrores.
 
 La madre de la niña con poderes ensaya ante el espejo su papel de testigo. ¿Hay que llamarle al juez señoría? No está segura. Bueno, ella le llamará señoría.
 
 -Señoría -le dice al espejo-, la del primero es muy mala, malísima, nadie la quiere. En cambio, Petra es una divina persona, buena vecina, amable, trata muy bien a sus perros y es amiga de todo el mundo. Condene a la del primero a la pena máxima.
 
 En el parque, Petra abrazaba a sus perros.
 
 -¿Estás bien, Lacito?
 
 Lacito ladraba, levantaba la pata dolorida por el golpe con la del primero.
 
 -Petra, tienes que denunciar a ésa. Ha agredido a tu perro. ¿No ves que cojea? Vaya, cojean los dos perros. Mi niña predijo sólo un perro herido.
 
 Ajena a los perros heridos, a las niñas con poderes, a las madres aspirantes a testigos en un juicio que la juzgara, al martes 13, al mundo entero, la del primero vendaba su tobillo roto y mordía las lágrimas de resignación de una mujer tocada por la mala suerte.



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