Monday, July 13, 2009

El gorrilla Darío Buenaferia

 

 

 El gorrilla hizo señas a un coche rojo que se aproximaba. Allí, allí, gritaba el hombre con la cara medio oculta por una visera negra. La conductora subió por la calle que le indicaba e inició las maniobras para aparcar entre un SEAT Toledo y un Mercedes sucio.

 

 -¡Son dos euros!

 

 La mujer hizo como que no oía. El hombre se plantó delante del vehículo.

 

 -¡Son dos euros! -repitió.

 -Te voy a denunciar -contestó la mujer-. Estás cometiendo un delito.

 

 El gorrilla se sentó sobre el capó del coche. La mujer miró a su alrededor asustada. No pasaba nadie. ¿Y si la atracaba?

 

 -Bájate -le pidió-. Ya no quiero aparcar aquí.

 -Me debes dos euros.

 

 La mujer deslizó una mano en su bolso Louis Vuitton y sacó un billete de cinco euros.

 

 -Toma.

 

 El gorrilla le devolvió tres euros.

 

 -Soy un aparcacoches profesional -le dijo-. Aquí tiene mi tarjeta.

 

 Darío Buenaferia se sentía orgullos de su autoempleo. Le echaba al día unas 12 ó 14 horas, tanto tiempo como un taxista con familia para mantener. Darío también tenía familia: una esposa, la segunda, dos hijas de su segundo matrimonio y un hijo mayor de edad de una unión que nunca pasó de pareja de hecho.

 

 -¿Darío?

 -Hola, hombre, ¿Qué tal?

 

 Su primo Manolo lo abrazó.

 

 -Estoy esperando a mi mujer.

 

 Manolo señala una peluquería. Se le ve feliz. Le cuenta que lo han ascendido a director de la sucursal en la que trabajaba.

 

 -No me puedo quejar, primo. Mis compañeros de promoción se han quedado en cajeros. ¿Tú encontraste trabajo?

 -Pues sí. Ahora mismo estoy trabajando. Espera un momento y te cuento.

 

 El gorrilla corre hacia otro coche que se acerca buscando un hueco para aparcar. Lo guía, con estilo de guardia de tráfico, hacia el final de la calle. Manolo no cree lo que ve.

 

 -Eres un ... delincuente -le dice.

 -No, soy un trabajador.

 

 Darío hace sonar su bolsa de monedas.

 

 -Hoy no traje el bolso cojonero. Espero que no me rompa esta bolsa de supermercado.

 -¿Lo sabe tu madre?

 -Mi madre sabe que mantengo a mi familia. Gracias a Dios, gano lo suficiente para pagarle la universidad a mi hijo.

 -¿Lo sabe tu hijo?

 -Mi hijo sabe que puede contar conmigo. Siempre pagué sus gastos.

 

 La esposa de Manolo sale de la peluquería. Es la mujer rubia del coche rojo que no quería pagar sus servicios de aparcacoches.

 

 -¿Quieres cobrarme otra vez? -pregunta enfadada-.. Vamos, Manolo. Estoy harta de tanto ladrón suelto.

 -Es mi primo, el hijo mayor de la tía Lola. ¿No te acuerdas de él? Estuvo en nuestra boda.

 

 Darío le tienda la mano. La mujer da un paso atrás sin saber qué decir.