
No quedaban libros en ninguna estantería. habían desaparecido mis libros de cocina, tampoco encontré las colecciones de fascículos encuadernados en cuero y eché en falta los tres o cuatro libros que había dejado haciendo equilibrios sobre la mesilla de noche.
Los ladrones habían llevado mis libros y nada más. La caja fuerte estaba en su sitio, oculta por un cuadro comprado en eBay a un pintor desconocido. No faltaba el televisor. La videoconsola seguía sobre la mesita auxiliar. Respiré aliviada al ver mi ordenador. ¿Y los libros del niño?...
corrí a la habitación de mi pequeño y no encontré su cartera escolar. Los ladrones nos habían dejado la casa vacía de libros.
-Mami, mira esto.
Mi hijo me entregó un papel. Habían escrito. inocente, inocente. Lo firmaba mi marido y subrayaba la fecha: 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes.