Sunday, October 27, 2013

En Sudáfrica por amor


Cuando Casillas paró el penalty del partido España-Portugal, Cristina recibió un SMS:

"Estoy secuestrada, pero no digas nada todavía"

Se lo enviaba Alicia, la amiga que había acompañado a Sudáfrica. Cristina lo borró. Detestaba las bromas. A su lado, un grupo de sudafricanos con la elástica roja enfundada soplaba vuvucelas.

Otro SMS llegó al móvil de Cristina.

"Denuncia mi desaparición. Me van a matar"

¡Jesús! Cristina marcó el número de su amiga indignada. Había gastado buena parte de sus ahorros en el viaje y no era rica. Alicia tenía el móvil apagado o fuera de cobertura. Que ella supiera, su amiga estaba en el hotel griposa. Nada grave. ¿Qué le habría pasado? ¿No podría abrir la puerta de la habitación? Alicia siempre fue muy peliculera. Cristina aún recordaba el día que en el colegio justificó la no asistencia a clase diciendo que su madre había tenido gemelos.

El partido estaba interesantísimo. Cristina se obligó a no mirar los mensajitos que le seguían llegando. Penalty de España, penalty metido, penalty anulado. Bueno... ¿se decía gol anulado o penalty anulado?... Tanto daba. El marcador seguía cero a cero. ¡Qué partido!

Por encima del ruido agobiante de las vuvucelas se impuso la melodía de su móvil. Cristina lo sacó del bolso, pero no pudo contestar la llamada porque llegaba el ansiado gol. Gritó con todas sus fuerzas. La melodía de su móvil volvió a sonar.

-¿Quién eres? ¡Ya te vale, pesada!
-Me han secuestrado, Cris. Haz algo -gimoteó Alicia.

Cristina cortó la comunicación y apagó el móvil. La iba a oír cuando llegara al hotel.

Alicia intentaba cortar con los dientes las correas que la ataban a la cama. La matarían. Los ladrones habían llevado las maletas, la ropa , los pasaportes, el dinero.... El jefe de la banda le dijo en un inglés pésimo que le gustaba. Tenía cinco esposas y ella sería la sexta. La dejaba atada mientras regresaba a la aldea con el botín. Si su futura suegra la aceptaba, habría boda africana. Alicia lloró desconsoladamente.

Cristina regresó demasiado tarde. La habitación estaba vacía. ¿Y su amiga? ¿Habría sido cierto que la secuestraban? Marcó su número de móvil. Alicia contestó al primer timbrazo y le dijo que estaban casándola. Ya no le pidió ayuda.

-¿Dónde están las maletas?
-Las tiene el jefe de la banda, mi esposo.
-Esa boda es nula.
-Por favor, no digas nada. Tengo padres y no quiero darles un disgusto.

No pudo controlar el llanto. Alicia la consolaba y ella lloraba sin parar.

-¿Qué te pasa, nena?


Unas manos de albañil la sacuden hasta obligarla a despertar. ¿Estaba soñando? Su marido la mira cabreado.

-Nada, soñaba.
-Seguro que soñabas con mi entierro.
-Por favor, Pepe.
-No me quieres nada. Te traje a Sudáfrica y no estás contenta. Ayer no quisiste venir a ver el partido, ahora me despiertas llorando,... ¿Estás embarazada?

Cristina se da la vuelta en la cama e intenta dormir. No quiere tener hijos. Cada día está más convencida de que Pepe no es el padre que merece un niño. Su marido sólo piensa en el fútbol y en un futuro hijo futbolista. Ella cada día más piensa en su amiga Alicia, la lesbiana. Debió haberse casado con Alicia. ¿Significará el sueño que ha tenido esa noche que acabará dejando a Pepe por Alicia?
 
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