Sunday, June 15, 2014

NIño rico, niño pobre

 Sor Margarita entró en la habitación con el bebé en los brazos y una sonrisa en la boca. Era la monja más querida del hospital. Muchas familias le dejaban una generosa propina cuando marchaban. Eso, las familias ricas, las de la planta sexta. En el resto del hospital las parturientas eran pobres. Sólo podían darle las gracias a Sor Margarita por su amabilidad.
 
 -Aquí tienen a Jorgito.
 
 El afortunado padre se apresuró a tomar en sus brazos al primer heredero. Se parecía a Marita, pensó. Tenía sus mismos ojos azules.
 
 Dos pisos más abajo otro padre le encontraba parecidos a su primogénito.
 
 -Es idéntico a mi tío Luis, cariño.
 -¿Al de Argentina? -le preguntó su dolorida esposa.
 -Sí. El tío también tiene el pelo rubio. Será un niño muy guapo -sentenció.
 
 Su esposa asintió. ¡Pobre niño! Había nacido cuando aún vivían con sus suegros. Ella hubiera preferido esperar para quedarse embarazada, pero Paco no quiso. Tenía que demostrarle al mundo lo macho que era.
 
 Jorgito y Paquito salieron el mismo día del Hospital Santa Clara. Jorgito marchó en el Mercedes de su padre. Paquito entró con los ojos muy abiertos en el seiscientos que sus padres pagaban a plazos. Sor Margarita se llevó el crucifijo que colgaba de su cuello a los labios. Dios lo entendería. El Señor necesitaba ayudantes y ella era la Santa Justa.
 
 -La necesitamos en el paritorio de la sexta, hermana.
 -Ya voy, Sor Eusebia.
 
 Sor Margarita volvió a besar el crucifijo. Tenía otro trabajo para el de arriba: cambiar un niño rico por un niño pobre.
 
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