Una lata de cerveza impactó en una anciana que caminaba por la acera del brazo de su también añosa hermana. La mujer gritó.
-¡Me han agredido!
-¿Qué dices, Chiruca?
-¡Fue ese hombre!
Chiruca señalaba a un cincuentón sentado dentro de un coche. El hombre había abierto otra lata de de cerveza y bebía con ganas.
-Es un borracho -dijo Ángela
-Se parece al hijo de doña Carmen.
-Tú chocheas. El hijo de nuestra vecina es un chaval.
No era el hijo de doña Carmen sino un desconocido. Ángela tiró del brazo de su hermana. Aquel hombre le recordaba a su propio padre, también borracho y también agresivo.
Otra lata de cerveza salió por los aires y volvió a impactar en Chiruca.
-¡Estoy muerta! -gritó la anciana.
-Calla y anda.
-Llama a la policía.
-Ni que te mate llamaría yo a la policía.
-Quieres que me mate -lloriqueó Chiruca y empezó a hablar de la herencia de dos pisos, cuatro bajos y cinco fincas rústicas que le quedaría a Ángela si ella se fuera al otro mundo a causa del impacto de una lata de cerveza vacía.
Una tercera lata de cerveza a volvió a alcanzar. Chiruca lloraba agarrando con las dos manos el trasero.
-Ni siquiera puedo ir al médico -se lamentó- Tendría que enseñarle mi culo.
Ángela soltó a su hermana y se encaró con el hombre de las cervezas.
-¡Borracho! -le espetó.
-¡Chica guapa! -le contestó el hombre, y le tendió una lata de cerveza.
-Voy a denunciarte.
-Ya me denunció mi ex mujer. Mañana me meten en la cárcel.
Agustín el Cervezas arrancó su coche y tiró la cuarta lata de cerveza; esta vez llena. La lata impactó en la pierna izquierda de Chiruca. La mujer no dijo nada. Se agachó, recogió la lata, la abrió y la bebió.
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