Caperucita recibe un e-mail del lobo en el que pide que esté en forma porque cualquier día decidirá comerla. Se asusta. Una cosa es quedar sin abuela y ora muy distinta es ser ella el manjar de una fiera. No, no la comerá.
La niña se disfraza de loba y se dirige al bosque. Encuentra al lobo paseando con sus pequeños lobitos.
-Tú no eres loba -le dice.
-Soy peor.
Caperucita le enseña sus uñas pintadas de rojo.
-Con estas uñas podría matarte.
El lobo se ríe y dos hileras de dientes salen peligrosamente de su boca.
-Mi esposa loba intentó matarme y no pudo, hija. Soy inmortal.
-Olvídate de mí.
-No puedo olvidarte, cariño.
Caperucita marchó corriendo cuando el lobo dio un paso hacia ella. Menos mal que estaba en forma.
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