Saturday, June 18, 2016

La novia de Estalisnao

 Estalisnao me esperaba delante de la casa. Aplaudió cuando me vio bajar del taxi. Era muy inocente. Para él yo era una estrella. Siempre aplaudía al verme y, lo peor, era que pedía a la gente aplausos para mí.

 -Es poeta -decía.

 La gente me miraba como si fuera marciana. Así me miraban dos vecinas que acompañaban a Estalisnao.

 -¿Cómo está su padre? -me preguntó la más mayor.
 -¿Mi padre?
 -Su novio nos contó que fue herido en Afganistán.
 -Ah, sí..., pero ya está recuperado.
 -¿Volverá a la guerra?
 -No creo.

 Mi padre nunca había estado en Afganistán. Era un pacífico agricultor, no un militar del ejército español, como les había contado Estalisnao a sus vecinas.

 Entramos en la casa. Estalisnao la había llenado de flores. No pude evitar un estornudo. Después del estornudo vino el lagrimeo.

 -¡Te has emocionado! -exclamó Estalisnao entusiasmado-. Me quieres, ¿verdad?

 Le dije que sí para que aflojara su abrazo. Su olor a puros habanos me daba tanta alergia como las rosas blancas que trepaban por paredes y escaleras.

 Pasamos la tarde hablando de la boda. Estalisnao quería que nos casáramos a las cuatro de la mañana.

 -Así podríamos coger el avión de las siete de la mañana.
 -Nunca había pensando en madrugar tanto  para casarme -comenté.
 -Nuestra boda tiene que ser única.

 Lo fue. El novio falleció cuando salíamos de la iglesia. Pobre Estalisnao. Estaba aplaudiéndome cuando un pino le cayó encima. Ya le decía yo que no era buena idea casarnos a las cuatro de la mañana en la finca de mi padre.

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