Wednesday, March 08, 2017

Licencia de obra

Sacó un cheque de su billetera y se lo dio sonriente. Eran sólo cien mil dólares, un pequeño impuesto revolucionario.


 -Que no lo sepa nadie -susurró.


 El político le agarró la mano y la llevó a su boca. Doña Bárbara chilló al sentir el mordisco de la dentadura postiza en su piel bien lustrada por la crema manos de seda de Mary Kay. Apartó la mano de un tirón.


 -Pensé que te gustaba el sado -se excusó el político.

 -Los favores me los cobro de otra forma.


 Doña Bárbara le entregó una licencia de obra para firmar.


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