Tuesday, February 25, 2020

El gato de las mujeres solas

El gato iba de casa en casa, pero no entraba en todas las casas de la aldea. El gato elegía para regalar sus visitas las casas habitadas por mujeres solas.

 En el número 16 vivía la señora Dora, una mujer que le hablaba bajito y le acariciaba las orejas.  La señora Dora le daba un chorizo todos los días. Quería que el gato comiera el manjar prohibido para ella por el médico.

 La siguiente casa que visitaba el felino era la casa de la señora María, hermana soltera, tía olvidada, prima, creyente. La señora María rezaba mucho. El gato esperaba a que acabara el rosario para maullar. Pocas veces recibía alimento. La señora María era muy tacaña.

 Llegaba el gato a la tercera casa habitada por una mujer sola cuando caía la noche. Silencioso, se sentaba a sus pies, y escuchaba el monótono teclear de los dedos de la señora Emilia en un ordenador portátil. El gato esperaba. Sabía que más tarde vendría la foto. Se la enseñaba en la tablet.

 -Eres famoso, gato. Te están dando un montón de likes en mi Instagram.
 -Miau.
 -Ahora vamos a grabar un vídeo para mi canal de Youtube.
 -Miau.

 El gato de las mujeres solas miró su cara marroncita en la pantalla del ordenador portátil. Maulló feliz.

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