Tuesday, April 06, 2021

Una casa gratis en Segovia

Nunca pensó que acabaría viviendo en un viejo molino de agua. Cuando Antonio le dijo que había encontrado una casita muy mona al lado del río Viejo, pensó en dejarlo. No tenían hijos. El divorcio era una opción atractiva. Por eso ahora lamentaba haber escuchado a su marido. Antonio estaba tan ilusionado con la casita del molino que no se atrevió a desilusionarlo.

-Podremos tener caballos. Serás la mejor amazona, nena.
-No sé montar a caballo.
-Yo te enseñaré.
-Tú tampoco sabes montar a caballo -le recordó.
-¡Sí que sé! Aprendí de niño. Todos los veranos me subía en los caballos del tiovivo.

 Allá se fueron. Su suegra les preparo una pota de carne asada. La había cocinado según una receta segoviana que era de su abuela. Le vino bien. Los primeros días no tenían mucho más que comer como era de esperar cuando entras en una casa abriendo la puerta con una patada. Antonio la había llevado en brazos hasta la habitación verde. Casi se sintió feliz. ¡Por fin tenían un techo propio!

 Marisa dejó la habitación tal como estaba. Le gustaban las dos camitas vestidas con sendas colchas florales a juego con el tapete de la misma tela de la mesa camilla que las separaba. Sobre sus cabezas, unas vigas de madera aseguraban una techumbre que recordaba las techumbres de las casas de campo inglesas.

 Todo esto se lo explicaba a la policía. La casa era suya. No eran okupas. Antonio preparaba el desayuno de pan fresco en la pequeña cocina de la casa. Los policías aceptaron una humeante taza de café.

 -Tendrán que dejar la casa, señores.
 -Denos dos días, agente -le imploró Antonio.
 -Tendrá que ser hoy mismo.

 Los policía se fueron. Antonio la abrazó. Le susurró que había encontrado otra solución habitacional.

 -Está algo peor. Mira -le enseñó las fotos-. Son las ruinas del monasterio cisterciense de Santa María de la Sierra.
 -Creo que pasaremos frío.
 -Dormiremos abrazaditos.

 Marisa volvió a pensar en el divorcio, pero se dijo que no era el momento. Quería vivir la experiencia de dormir en un monasterio del siglo XII.

 Yolanda Smith
 Escritora Anónima