Sebastián lo había llamado para la fiesta del vino. No era una fiesta popular sino una fiesta privada que organizaba el Cantante en una casa rural de Orense. Estaría tres días bebiendo como cubas. A Luis le daba algo de pereza. Lo suyo era hacer negocios, pero, hacer negocios con borrachos como que no le apetecía mucho.
La casona estaba en mitad de la nada. Luis había parado en Carballiño a tomar una tapa de pulpo con un Ribeiro. No era de mucho comer cuando viajaba. Fue en la pulpeira donde vio a Carmen por primera vez. Le sorprendió que una mujer joven diera buena cuenta de un plato de pulpo. Carmen tenía una gran delantera. Su trasero parecía contar con un aumento bien colocado.
Luis volvió a ver a Carmen en la Viña Meín. Apoyada en una barrica, escuchaba la historia del conde Álvaro y Savita, el hombre que en el año 928 había donado unas viñas traídas del Rhin al monasterio de San Clodio. El Cantante nunca olvidaba la cultura. Esto era lo que hacía sus fiestas diferentes. Siempre contrataba a un profesor de algo para dar una clase magistral en el escenario elegido. En esta ocasión el conferenciante a pie de barricas de vino era un profesor de Historia del Arte de la Universidad de Santiago de Compostela.
-¿Se emborrachaban los monjes? -le preguntó Carmen al profesor.
El hombre pareció no escucharla. Carmen repitió su pregunta alzando la voz. El profesor seguía su discurso sin quererla oír.
Luis supo aquella noche por qué el profesor no le respondía a Carmen. La joven lloró con la cabeza apoyada en su hombro. Luis la acariciaba mientras le hablaba de los châteaux franceses que había conocido cuando residió en Francia.
-Aún estaba casado con mi primera mujer -le contaba Luis-. Aquello era pura cultura enológica.
El profesor de Historia del Arte entró en la biblioteca con un vaso de vino en la mano.
-Perdonen -dijo.
-Puede sentarse, profesor -lo invitó Luis-. En esta biblioteca los sillones son muy cómodos. ¿Quiere leer algo?
-Sí, por favor. ¿Sabe dónde está el catecismo? Leo los Mandamientos de Dios todas las noches antes de acostarme.
-Yo se los puedo recitar -se ofreció Luis.
-Prefiero leerlos.
Carmen no daba crédito a lo que veían sus ojos. Luis le buscaba un catecismo al profesor en el estante de libros religiosos. El profesor se sentaba al lado de la chimenea con su catecismo. Carmen se secó las lágrimas y se fue.
Luis no volvio a ver a Carmen hasta después del concierto del Cantante. La encontró esperándolo entre las tersas sábanas de su cama en una habitación que olía a vino
-Aquí tienes tu vino mouro -le dijo, ofreciéndole una botella casi acabada.
-Estás borracha.
-Soy la más borracha de la fiesta.
-Por lo menos lo reconoces.
Carmen lo dejó tras una noche de vino y flores. Se fue de su vida como había llegado. El Cantante también había marchado. Se lo dijo Sebastián cuando estaban desayunando.
-El cantante fue a balneario de Arenteiro. Necesitaba cuidar su piel con las aguas medicinales del balneario. ¿Quieres venir?
-Prefiero quedarme. El agua de la piscina de esta casa rural está muy bien.
-También fue para el balneario el profesor de Historia del Arte.
-¿Y los demás?
-Marcharon. El profesor quería llevarlos a ver las iglesias románicas de Lebosende, Lamas y Serantes. No pudieron. Estaban demasiado borrachos.
Luis se acercó al balneario. Quería despedirse del profesor. Lo encontró sumergido en una piscina de agua salada.
-Adiós, profesor. Ha sido un placer conocerlo.
-Ha conocido usted mejor a mi ex mujer. Gracias por consolar a Carmen.
Yolanda Smith
Escritora Anónima
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